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Esperanza en pausa: venezolanos que malviven en Colombia postergan su regreso a casa
Huyeron del hambre y la angustia en Venezuela, y encontraron pobreza en una Colombia desangrada por el conflicto armado. Los Petit Martínez viven con lo mínimo en un barrio a unos pasos del país que añoran, pero para ellos más lejano que nunca.
La dicha por la caída de Nicolás Maduro se esfuma poco a poco en La Fortaleza o Trigal del Norte, sectores fronterizos donde los migrantes venezolanos viven en casas improvisadas con ladrillos y piso de tierra.
La gran mayoría se instaló en barrios pobres de la ciudad colombiana de Cúcuta entre 2017 y 2018 "con el estómago vacío" y la seguridad de no tener un "futuro", repiten con una mezcla de tristeza, rabia y fe cristiana.
Pero ni la convivencia diaria con la violencia ligada al narcotráfico ni sus trabajos precarios los empujan a cruzar de vuelta a Venezuela luego del derrocamiento de Maduro el 3 de enero en una operación estadounidense.
Con el chavismo aún en el poder, en cabeza de la presidenta interina Delcy Rodríguez, perciben el futuro del país como incierto.
"Todavía no tenemos pensado volver porque eso va a tardar para que se acomode el país", afirma tajante a la AFP Franklin Petit, ayudante de albañil de 55 años.
Junto a su esposa tienen la convicción de que en Colombia pueden asegurarle una educación a sus dos hijas imposible de acceder en Cabimas, la ciudad petrolera a orillas del lago de Maracaibo de donde escaparon con su niña mayor en brazos.
"Si vamos a ver, está lo mismo, la misma situación, con la diferencia que se llevaron al líder", asevera Petit al referirse a la Venezuela actual.
Pero la esperanza está intacta para otros como Luisana Serrano, una antigua auxiliar de enfermería de 34 años: El cambio "no va a ser de hoy para mañana, pero yo sé que va a ser" algún día, dice.
- En el ojo de la violencia -
Estos migrantes agradecen su segunda oportunidad en Colombia pese a vivir en barrios azotados por la guerra en el Catatumbo, una zona fronteriza inundada de narcocultivos y laboratorios de cocaína.
Están a las puertas de una extensa frontera porosa donde opera la guerrilla Ejército de Liberación Nacional (ELN) y una facción disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), además de pandilleros del Tren de Aragua.
De eso evitan hablar por miedo, pero dicen haber echado raíces en Cúcuta por carecer de pasaporte y los recursos para seguir viaje a otros destinos, como gran parte de los ocho millones de venezolanos que huyeron del país durante la última década por una economía en ruinas y la represión.
La esposa de Franklin, Nellisbeth Martínez, se quiebra al narrar "la situación de pobreza extrema, mucha hambre, mucha necesidad" que los expulsó de su tierra. Costurera de 42 años, está a cargo de una hija pequeña que nació en Colombia y de su primogénita de 11 años.
La mayor, Frainellys Petit, es el orgullo de esta familia porque está terminando la primaria y empieza a tocar la flauta traversa en una iglesia cristiana del barrio donde hacen música con instrumentos donados.
"Yo quería seguir a Estados Unidos pero sin dinero, con hambre y sin pasaporte me terminé quedando aquí", dice Imer Montes, tutor en la iglesia donde su hijo Israel, de 12 años toca violín, batería y flauta.
- Esperanza en pausa -
En días inciertos sobre el desenlace de la situación política en Venezuela, estos inmigrantes fronterizos pusieron la esperanza en pausa.
El presidente estadounidense Donald Trump avala al gobierno interino de Delcy Rodríguez y por ahora no habla de nuevas elecciones.
Mientras tanto los venezolanos en Cúcuta aguardan un cambio real.
Luisana Serrano también huyó de Venezuela en 2018 con su esposo y cuatro hijos con desnutrición. Hoy quisiera regresar porque extraña a los suyos.
Pero recuerda con trauma los días de hambre: "Allá mi esposo trabajaba una semana y solamente comíamos un día".
Serrano se ha convertido en panadera y con eso ayuda a mantener a una familia que sumó tres nuevos integrantes en Cúcuta.
"En cambio acá él trabaja su semana y tenemos para" comer a diario, dice Serrano, que se muestra agradecida con Trump.
Y.Zaher--SF-PST